Una de las mayores razones de la gran popularidad de los misterios del Antiguo Egipto se debe al hecho de que la era de sus fascinantes monumentos puede ser tan distante en la historia que las explicaciones de la egiptología tradicional parecen insostenibles.

Mientras que los arqueólogos han discutido durante mucho tiempo la construcción y grandeza de las pirámides egipcias, otro misterio, tal vez aún mayor, puede no tener nada que ver con cómo estas estructuras fueron diseñadas y trabajadas con precisión, sino sobre cómo fueron potencialmente utilizadas como dispositivos poderosos para generar energía aprovechando naturalmente la propia electricidad de la Tierra.

 

Los arquitectos de los monumentos del Antiguo Egipto fueron mucho más intencionales en sus proporciones, mediciones, ángulos y ecuaciones de lo que la mayoría de los arqueólogos modernos les atribuyen.

La Gran Pirámide de Guiza cuenta con una forma y un lugar diseñado para albergar constantes matemáticas. Esta misma teoría matemática se puede encontrar a lo largo de la naturaleza y en todo el universo.

Tesla y Energía Ilimitada

Nikola Tesla trató de conectar las corrientes electromagnéticas de la Tierra para traer electricidad ilimitada al mundo y estuvo en contacto con estos mismos fundamentos matemáticos. Al igual que los constructores piramidales, Tesla se dio cuenta de que la Tierra es un enorme generador magnético, girando alrededor de dos polos, con el potencial de generar energía prácticamente ilimitada.

En 1905, Tesla presentó una solicitud de patente en los Estados Unidos titulada “El arte de transmitir electricidad a través del medio natural” e ideó proyectos para una serie de generadores posicionados en lugares estratégicos de todo el mundo que recogerían y redistribuirían energía de la ionosfera.

Aunque Tesla pudo haber redescubierto esta clave para una fuente abundante, limpia y eterna de electricidad gratuita, sus invenciones desaparecieron después de su muerte en 1943.

Matemáticas ocultas

Para descifrar el código oculto de las antiguas pirámides, puede ser necesario examinar las ecuaciones matemáticas codificadas en su arquitectura, y lo más sorprendente es la sofisticación de las ecuaciones matemáticas utilizadas por los primeros arquitectos para construir lo que podría ser un elaborado generador eléctrico.

Desde 2018, un equipo de científicos de la Universidad ITMO en Rusia ha estado estudiando la Gran Pirámide de Guiza y su capacidad para concentrar energía electromagnética en sus cámaras internas y debajo de su base.

El autor Andrew Collins sugirió que las pirámides están relacionadas con la idea de la “música de las esferas”, una conexión entre los tonos sonoros primordiales del universo mismo y su relación con la creación de formas y estructuras en el mundo físico, es un concepto antiguo definido por los griegos que postula la existencia de una armonía divina y matemática entre el macrocosmos y el microcosmos.

Para los hindúes, el “OM” se considera el sonido primordial, utilizado en vocalizaciones, meditaciones y mantras, representa el primer sonido que se emitió, la voz del creador mientras crea el universo. La tradición judeocristiana se refiere a este sonido primordial como la “Palabra”.

Para sintonizar y aumentar esta conexión, los antiguos ingenieros tuvieron que considerar ciertas proporciones en la construcción de las pirámides, así como la geometría del paisaje, para reflejar con precisión los rangos de tonos musicales específicos.

Algunos pensadores modernos como Graham Hancock implican que tal vez el código matemático egipcio es el mismo que tesla utilizó en su búsqueda para encontrar una fuente ilimitada de energía, que armonizó con la resonancia de la Tierra.

Observando la ubicación de la latitud de la Gran Pirámide, Hancock señala que está situado precisamente en el 30º Paralelo Norte, exactamente a medio camino entre el ecuador y el polo norte, alineado con las verdaderas direcciones cardinales del planeta, norte, sur, este y oeste.

El número 432 y sus múltiplos 4.320 y 43.200 eran bien conocidos e importantes en el Viejo Oriente y están asociados con el sistema numérico sexagesimal, conectando las proporciones de la Gran Pirámide con las de la Tierra y representando la Precesión Axial de la Tierra, que es la forma en que nuestro planeta oscila alrededor de su propio eje. Este número es divisible por 72, que es el número de años que la Tierra tarda en oscilar 1 grado en relación con su eje.

Hancock señala que multiplicando el perímetro de la base de la Gran Pirámide (230 metros) por 43.200, obtendremos la Circunferencia Ecuatorial de la Tierra y multiplicaremos la altura (140 metros) por 43.200, obtenemos el Rayo Polar de la Tierra.

Estos números, 72 y 432, se pueden encontrar en varias mitologías antiguas y textos sagrados, donde podemos mencionar que 72 fue el número de idiomas hablados en la torre de Babel, 72 son los nombres de Dios en la Cábala Judía, 72 es el número de templos en Angkor Wat en Camboya, 72 es el número de grados de longitud entre Angkor Wat y la Gran Pirámide , 432.000 es el número de sílabas en el texto sagrado hindú Rig Veda, y 432 Hz es la frecuencia armónica considerada la resonancia ideal para la música.

Esto sugiere que los antiguos egipcios, así como otras civilizaciones ancestrales de Angkor Wat, los Mayas en América y los constructores de sitios similares en todo el planeta, pueden haber utilizado un lenguaje matemático que sólo ahora estamos redescubriendo.

Hancock argumenta además que la construcción misma de las pirámides, lo suficientemente robusta como para resistir las acciones del tiempo, se hizo de tal manera que la humanidad siempre podría descifrar y obtener acceso a estos Códigos del Universo.